martes, 14 de julio de 2009

La historia detrás del poema: "Mujer en metro de marzo"

Por mas que lo intento no recuerdo si fue Eduardo Galeano el que alguna vez escribió que había cierto tipo de mujeres "...que no se ven entre las amistades". Creo a varios nos ha pasado el encontrar a esa mujer inasible que se vislumbra alguna vez en algún aeropuerto, una plaza, un café, pero que resulta escasa entre las amistades. El metro es naturalmente un lugar de esas posibilidades escasas pero mismo por ser posibilidad es factible. Tal y como me ocurriera una tarde de marzo.

En aquel entonces vivía cercano a Coyoacán que, para quien no lo conozca, es mi barrio más querido de la Ciudad de México. Lugar de Coyotes hambrientos, calles empedradas y profusamente caminables, plazas hechas de cultura, tinto y mujeres hermosas en marzo... o cualquier otro mes del año.



Mujer en metro de marzo
“All the leaves are brown
and the sky is gray.”
Ya saben de quien... será que ella viajaba a Coyoacán

Blusa blanca, cabello suelto y pantalones viejos.
Treinta perfectos años
de ese aire de seguridad exacta
y honestidad compleja,
que revela que esta mujer
es ahora el sueño de otro
que en mi obvio juicio
injustamente se hace de su compañía para justamente reventar mis celos,
producto directo de la impotencia de ver pasar su sonrisa apenas sugerida
misma que ni siquiera se ha percatado de que existo.

Quisiera sentarme, si hubiera un espacio vacío entre las imágenes ausentes de la ventana y tú,
y contarte...
decirte qué es lo que he pensado que soy
y que sepas en lo que en realidad me he convertido...
que percibas como tiembla ligeramente mi voz
ya que el muy idiota me delataría solo en vista de ti,
al combinar desastrosamente palabras tensas con un mirar impostergable
hecho para robarle segundos al vagón.

Mi sugerencia sería entonces
atrapar tu atención por un instante lo suficientemente largo
para que dudaras...
Para despertar en ti un mínimo halo de curiosidad
que te hiciera intentar dar un paso seguro e irretornable
en dirección opuesta.

Pasaría entonces a la esperanza de no encontrarte con una historia vacía
sino más bien hallar que existe algo inmenso detrás de tu sencillez,
ese algo que llegase a combinar mis sueños con tus realidades
de un modo tan exacto
que no me deje tener nunca la certeza de saber si eres solamente tú
o también la visión de un presente que descubre a la mujer impostergable.

Ambos sabemos,
más yo que tú, que la historia no acabó en un sueño,
más bien se pulverizó en el caminar frustrado de la llegada a mi andén
que dio paso a este atardecer perdido, fruto de nada,
hasta que otros ojos de mujer vean estas líneas
e intenten imaginar
la única imagen que robé al vagón
para poder fabricarte en estas palabras y aplazarte un poco más.

3 comentarios:

A dijo...

Muchacho... me trasladé contigo a esa imagen congelada en uno de los instantes mágicos que todavía puede ofrecer esta gran urbe.
Gracias por recordarme que esos instantes son los que resaltan la brevedad del ser humano. Un beso!

Lidia Bone dijo...

hummm, claro, naturalmente bonito, como todo lo que escribes, y si era cierta la abvertencia "decente" mas bien un bonito poema, con tu marca, algo de nostalgia..........continuo esperando la publicacion de 2 poemas 1.romulito y dos ya sabes cual. felicidades uno es mejor que el otro, todo lo que he leido simplemente es extraordinario.

Celia Rivera Gutierrez dijo...

Buena narracion
Saludos y gracias por compartir