miércoles, 21 de octubre de 2009

Un perro una casa y una mujer

En días pasados presenté este poema ante un jurado y un público. Creo que el segundo lo entendió y sintió más que el primero. Realmente no requiere de mucha introducción, baste decir que es anecdótico ya que poca ficción dejo para los poemas, debido primordialmente a que muchas veces el resultado de la realidad es mas apasionante.

Un perro, una casa y una mujer

Hay un balcón donde a veces nos encontramos

donde vemos morir los domingos compartiendo la melancolía

o saludamos mañanas entre besos, cola que se mueve

y dos banderas en la ventana.


Mi perro es sueño de nobleza

es curioso que él sea el que extraiga la verdadera humanidad de mi

y me permita despojarme del miedo a dar,

aunque esto también suceda con la mujer.


Será por eso que a veces creo

que mis conscientes momentos ideales dejan de ser futuro

y son calles y breves prados con él y ella

en sábados de paz, en domingos de cierta angustia vespertina.


Hay una cama donde más de algunas veces nos encontramos,

donde me olvido de pensares y los concentro en ella

en hacerla sentir y sentirme

para escuchar su risa desatada

su gemir que exuda toda sensualidad,

su cuerpo que atrapa y absorbe

desde la aparente inocencia de su desnudez

hasta la dilatada pasión de nuestros encuentros.


Con ella hay ya suficiente historia escrita

para que las separaciones tengan un tinte mucho más peligroso

puesto que el tiempo dejó de ser exclusivo

adquiriendo aire de cooperativa, de niños tardíos.


Pero también hay camino suficientemente largo

para recordarnos, en fotografías de un ayer no tan lejano en un país lejano,

el por qué sentía lo que sentía

y el por qué esa sensación existe aun en mi aunque a veces sienta que se escape.


No se por qué entonces es que no decido mirarla de nuevo

con deseo, con ternura, con ánimo de abarcarla,

reencontrarla en su belleza

ser capaz de abstraerme con ella

justo como la miraba cuando me era ajena y me volví consciente de su existencia.


Y no como a veces pretendo no verla

o cuando no puedo sostener tanto amor …


En esa casa he encontrado tres fotos que me dan razones y sentires:

Un rostro blanco hermoso y sonriente…

una pareja en la playa de Viña con su pelo corto, rojo, y sonriente…

la misma pareja en otra playa, en otro hemisferio, en otro mar

ella hermosa, pantalón ceñido apenas transparente y sensual

piel rojiza de sol, cabello suelto y rostro sonriente.


Hay por aquí una casa

hay por aquí un perro

hay por aquí una mujer.


Pero también ha habido tantas dudas

tantos fantasmas involuntarios

que me he decidido perseguir, en algunos casos espejismos,

en otros seres reales

cuya proximidad altera todo el equilibrio

de esta asociación

de esta conspiración

de este amor compartido y a veces

tan consistente.


Hay una casa, un perro y una mujer

conviviendo entre las angustias de mi corazón

y mi sincero intermitente deseo de amarlos

y de saber que en esas mañanas de cama, balcón, fotografías y casa

acaricio lo que más he querido en mi vida.


Aunque sea queriendo como sea que se pueda querer:

a una casa en medio del caos,

a un perro rescatado,

y a una mujer con tanto coraje, cuya belleza combinada llega a ser casi perfecta

aunque ella se empeñe en no ver lo que he visto

y yo a veces me empeñe en no volver a ver.


2 comentarios:

Eguiara dijo...

Ese perro y esa mujer siempre estarán por ti y para ti...me lo dijo la vida.

Lilyán de la Vega dijo...

Se siente el dolor de la distancia, no sólo la que se mide en kilómetros, sino también la que se mide en latidos...

Hermosas imágenes, algunas sólo comprensibles para ti y para la mujer, pero eso es lo de menos!

Un abrazo, desde este rincón del tiempo...