miércoles, 19 de agosto de 2009

La historia detrás del poema: "Té"

Hay sabores. Definitivamente hay sabores que simbolizan cosas diferentes para todos aunque también pudiera ser al revés: una sola cosa es simbolizada para cada uno por un solo sabor particular. En mi caso el té me sabe a beso, no puedo evitarlo.

El té negro agarra los labios y los estremece con esa suavidad cálida que va diluyéndose entre los dientes, pasea por la lengua y despliega todos sus sabores en la boca implosionando cual encuentro de códigos saboríferos distintos.

Poco después la sensación permanece, cual beso de impronta. Quizá no con la intemporalidad de aquel pero si con la inmediatez que logra trascender sus segundos de existencia para quedarse en nuestra memoria un poco más.

El té me recuerda a ti,

ese color cobrizo me transporta a las mañanas

esas en que despertábamos juntos,

donde tus manos se calentaban acariciando una vieja taza amarilla.


Su sabor es de calma,

es lo que sentía cuando bebíamos juntos

cuando frente a nosotros

la cordillera se retiraba a descansar

vestida en rosa de amar.


El té me recuerda tus pequeñas adorables manías,

ahora sé que el agua tiene que ser hervida

que con espuma no hay buen té

y que no existe la once

más que comprimida en esas pequeñas bolsas de Ceilán.


Y yo sé por qué existe tanto significado;

el té, como tus manos, como tus caricias,

me llevan a un tiempo donde amé lo que quería

y que hoy es esperanza

de volver a amar con los mismos colores y sabores

en otros tonos de rosado

pero siempre con tus manos acariciando mis recuerdos

y bebiendo té pausadamente

sorbo a sorbo

como si probáramos por primera vez, el sabor a beso.

martes, 11 de agosto de 2009

La história detrás del poema: "Paseo Ahumada"

Hay un andador, una calle peatonal digamos, que comunica la principal avenida de Santiago (La Alameda) con la Plaza de armas y un poco más allá casi hasta el mercado cerca del rio Mapocho, no recuerdo exactamente.

Este paseo es fantástico. Sale directamente del metro U de Chile para sumergirse en cualquier temporada en un arroyuelo de viajantes, músicos, vendedores. Representando una democracia viviente que fluye a cualquier hora y en cualquier dia.

Su existencia provoca la futilidad y la brevedad de las vidas, ya que han sido muchas las que ha visto pasar, y nos confronta con nuestra finitud y de lo que conocemos en presente. Conceptos como nación e inmediatez material adquieren un aire tan pasajero que muchas cosas nos sobrevivirán para demostrar la brevedad humana.

Paseo Ahumada

De las bancas

de esas escuchas de todo: de gemidos de paloma,

de mujer, de tristeza y placer,

de desempleados y viejos.

Desde esas bancas de miles de historias anónimas y aparentemente insulsas

(menos que la mía)

de esas bancas parto hacia Ahumada. Me encuentro en Santiago una ciudad que tiene aire,

aire de ciudad como debe ser, no aire de megalópolis de estupor.


¿Qué podría dejarse fuera de Ahumada?

dejemos fuera por un momento a los paseantes,

dejemos fuera los vigilantes,

dejemos fuera el reloj y la temperatura, esos tipos de traje

fuera por espacio no definitivo, de algún modo se justifica.


Primero quedan los ciegos, cantantes de luz, de tango de Gardel.

El par ahí, cuando no el par por lo menos el viejo,

el órgano y el corazón, faltará el otro pero no así el viejo y su corazón.

No faltarán nunca ni la mujer que baila,

ni el enano deforme de lentes,

o el orgulloso lustrabotas de fotografía expuesta en el museo de Bellas artes

(¿como podría el tipo saber que le tomaron foto?)

no faltarán nunca,

ni yo faltaré pasando

no faltaremos nunca.


Nota: Entiéndase nunca como el espacio de tiempo entre el presente

y la muerte de olvido,

el otro es, o una rara excepción,

o un juego de personas que no se han detenido a considerarlo,

puesto que Ahumada algún día será nada, igual a mi,

mucho más perdurable eso si.

martes, 4 de agosto de 2009

La historia detrás del poema. "Ese mirar elusivo"


Hay ocasiones donde parece que nada nos acerca al otro, es el típico "es hermosa si, pero...". Desde ese no tener nada en común a veces sucede algo inesperado. Es esa fatídica coincidencia la que nos acerca de modo irrefrenable, más allá inclusive de la objetividad que da el tratar de entender, definitivamente mucho más allá.

Esa idea me sugirió que a veces el diálogo entre las personas no se da con las palabras necesariamente. Hay veces que el hablar se da en la música, en el lugar, en el tiempo o, como en este caso, en el intenso estar momentáneo. Ese diálogo se transforma entonces en una experiencia única por ser radicalmente distinta ya que no es fácil encontrar alguien con quien compartir una palabra pero mas dificil es cuando no teniendo nada puede uno acercarse a estar una y otra y otra y otra... hasta que gane, al tiempo, la pasión de los amantes.

Ese mirar elusivo
La margarita que se llame Mariana.
Fonseca
Como escarbas,
como atrapas,
cómo eres capaz de absorber el instante de la nada
para sacudirnos mutuamente en un vistazo de momento
de esos típicos vislumbres por centésima
suficientes para saber que lo que tenemos es el ahora explosivo
que se hace de conjunción imperfecta,
tanto que pareciera nos recordara un pasado ilusorio.

Resulta por lo tanto sorprendente
cómo haces para que de todas las incoincidencias
surja una sola coincidencia
pero que sea precisamente esa
la que nos embriagara en la sobriedad
de sabernos mutuos en el placer
del tiempo detenido.

Como escarbabas entonces en mi
que me hacías sentir tu olor profundo de mujer,
empapando mi sentir
aún horas después de sentirte
aún horas después de que me arrancaras las letras de los labios
por milésima,
seguramente porque las anteriores no parecían suficientemente arrancadas
aún a pesar de los cuerpos
aún a pesar de los largos milímetros recorridos labio a labio.

Palabras pasadas dictaminan sobre robar la imposibilidad al no ser
con por lo menos el ser momentáneo.
Tú abriste otra posibilidad
con el estar
con el abrir la puerta desnuda
como para no explotar sobre tu mirada elusiva
como para que no explotaras sobre mis manos aprehendientes
con la prisa que traían consigo al tener que estar
sin la pausa del ser,
para explotar de esa urgencia mutua de estar.

Dejando de estar nuevamente es tu pasar frente al mío
para ser visto desde piedras húmedas de risco
de esa ciudad que es de tu mano,
que es tu agitado mar que no permite
mas allá que solamente estar aferrado a las ondas brutales de tu pelo,
aquellas que aún se sienten en mis manos
cuando eran los sonidos y no las palabras
las que se decidían a dialogar la breve coincidencia entre nosotros.


miércoles, 22 de julio de 2009

La historia detrás del poema: "Los lugares de los años"

Una tarde en un café (nótese que muchas historias se hacen en tardes de café) me topé con Laura por cuatro horas. Creo las únicas cuatro que compartimos, sin embargo suficientes para que sus palabras confrontasen en mis letras las aparentes tardanzas de mi vida.

Entre muchos no haceres, lo que ella más me cuestionó fué que estas letras estuvieran encerradas durante tanto tiempo. Pese a ser los testigos más íntimos de mis sueños se mantenían absurdamente mudas, prisioneras en el cajón de un archivo electrónico.

Será por eso que liberar letras es catártico. Es como soltar pequeñas tortugas en el mar. Muchos de los sentidos que ellas contienen serán devorados por la prisa o la ceguera. Pero algunas... esas pocas vuelven para dotar de belleza la playa del lector y entregarte los sentimientos de los años. Años que no han sido aún tantos pero ya los suficientes para resistir cuatro horas en ojos de mujer y retornar a casa a escribir y liberar.

Los lugares de los años
Laura de cuatro horas

Damn, I wish I was your lover!
Sophie B. Hawkins

Este vivir en el pasado
es despertar en el presente
donde todo va tarde
donde ningún niño ha nacido
esto como fue decidido,
no así lo otro que ha sido invención de mi esperanza
seguida con ceguera a veces o con necedad en otras.

Como sea resulta que ahora estamos intentando vivir amores tardíos
esos que llegan entremezclados entre las miradas más nuevas
y que amenazan en convertirse en amores de segunda mano
cuando uno mismo pareciera necesitar reinventarse.

La edad en mis ojos no corresponde al tiempo de mi pelo
donde mucho tendría que estar resuelto
y no a medio hacer o como en algunos casos
en largos, larguísimos callejones sin salida
que no por hermosos son definitivos.

Hoy llego
aparco
el correo no espera
el perro espera
y me pregunto como se comienza otra vez,
cómo es que se cubre una distancia
cuando la carrera terminó hace algunos años
y las vidas están en otro lado
donde lo que mi realidad para algunos corresponde a su recuerdo
y para otros es la realidad que no corresponde estar compartiendo.

Comienzan entonces a erosionarse las letras
estas mismas, cansadas de su mudez,
hartas de encerrar tantas emociones
que se pierden como playa solitaria
en olas que rompen sin ser oídas
en arenas que retroceden sin ser detenidas
en lagrimas que no saben a nada, invisibles, atemporales, acorporales.

Será que habrá que ir enviando los poemas
o mejor aún cerrar algún día la historia
o como en esa maldita indecisión de los días pasados,
dejarla abierta siempre, total el tiempo ya comienza a escucharse
en la acústica fría de la abierta esterilidad.


martes, 14 de julio de 2009

La historia detrás del poema: "Mujer en metro de marzo"

Por mas que lo intento no recuerdo si fue Eduardo Galeano el que alguna vez escribió que había cierto tipo de mujeres "...que no se ven entre las amistades". Creo a varios nos ha pasado el encontrar a esa mujer inasible que se vislumbra alguna vez en algún aeropuerto, una plaza, un café, pero que resulta escasa entre las amistades. El metro es naturalmente un lugar de esas posibilidades escasas pero mismo por ser posibilidad es factible. Tal y como me ocurriera una tarde de marzo.

En aquel entonces vivía cercano a Coyoacán que, para quien no lo conozca, es mi barrio más querido de la Ciudad de México. Lugar de Coyotes hambrientos, calles empedradas y profusamente caminables, plazas hechas de cultura, tinto y mujeres hermosas en marzo... o cualquier otro mes del año.



Mujer en metro de marzo
“All the leaves are brown
and the sky is gray.”
Ya saben de quien... será que ella viajaba a Coyoacán

Blusa blanca, cabello suelto y pantalones viejos.
Treinta perfectos años
de ese aire de seguridad exacta
y honestidad compleja,
que revela que esta mujer
es ahora el sueño de otro
que en mi obvio juicio
injustamente se hace de su compañía para justamente reventar mis celos,
producto directo de la impotencia de ver pasar su sonrisa apenas sugerida
misma que ni siquiera se ha percatado de que existo.

Quisiera sentarme, si hubiera un espacio vacío entre las imágenes ausentes de la ventana y tú,
y contarte...
decirte qué es lo que he pensado que soy
y que sepas en lo que en realidad me he convertido...
que percibas como tiembla ligeramente mi voz
ya que el muy idiota me delataría solo en vista de ti,
al combinar desastrosamente palabras tensas con un mirar impostergable
hecho para robarle segundos al vagón.

Mi sugerencia sería entonces
atrapar tu atención por un instante lo suficientemente largo
para que dudaras...
Para despertar en ti un mínimo halo de curiosidad
que te hiciera intentar dar un paso seguro e irretornable
en dirección opuesta.

Pasaría entonces a la esperanza de no encontrarte con una historia vacía
sino más bien hallar que existe algo inmenso detrás de tu sencillez,
ese algo que llegase a combinar mis sueños con tus realidades
de un modo tan exacto
que no me deje tener nunca la certeza de saber si eres solamente tú
o también la visión de un presente que descubre a la mujer impostergable.

Ambos sabemos,
más yo que tú, que la historia no acabó en un sueño,
más bien se pulverizó en el caminar frustrado de la llegada a mi andén
que dio paso a este atardecer perdido, fruto de nada,
hasta que otros ojos de mujer vean estas líneas
e intenten imaginar
la única imagen que robé al vagón
para poder fabricarte en estas palabras y aplazarte un poco más.

miércoles, 8 de julio de 2009

La historia detrás del poema: "Words over P. Gabriel: Mujer ausente"

Muchos de mis poemas contienen dos elementos fundamentales: La música, que en mi sentir llega a ser arte y algunas letras de las mismas, de las que me apropio para ser epígrafes. Útiles para introducir un ambiente a mis propias letras, cual auto viejo que debe calentarse antes de andar.

Una tarde de viernes me impresionó sobre manera escuchar ese Don't give me love over this puesto que no concibo aún nada que exista sobre. Quizá al lado, quizá acompañando, pero no sobre.

Ese amor para mi solo puede expresarse en mujer y esas letras desgarraban (aún lo hacen) mi desequilibrio de escribir por condena entonces de mujeres, puesto que al hacer este poema recuerdo que pedía absolutamente todo... y aún lo hago. Este poema es pues una petición, una carta, casi un reclamo pareciera.

Aqui entre nos la música del epígrafe, Politik de Chris Martin, sería un excelente acompañante para esta lectura inspirada también en algo de Peter Gabriel. Si se puede agregar un tinto el maridaje para los sentidos queda satisfecho.

Words over P. Gabriel: Mujer ausente


Don’t give me love over...
love over...
love over this.
Chris Martin

Dame ¿qué?
La mujer perfecta.
Besos,
historia,
pasión y figura que destroce con perfecta serenidadCursiva
de certeza .

Concédeme la paz de mirarla
de temblar ante ella
de dejar caer lágrimas ante ella,
de danzar cantando.

Historia
correspondiente a lo que debe serse.
Tanta ya
que se reescribe.

Ahora palabras sobrias
de Gabriel, de ángeles,
inspiradas por los demonios de mi mente.

Siempre he de escribir por condena entonces de mujeres
al final el anhelo mas antiguo,
la semejanza mas profunda,
la razón más poderosa,
y la primera sobre las razones que reconozco
que no sean algo más que ellas mismas.

De aquella que no conozco
y que me obliga a escribir desenfrenadamente.

¿Donde mierda estás?

¿Donde se me han estacionado los días contigo?
Concédeme entonces el ángel
y el punto inconquistable del caminar acompañado,
en lugar del andar de paso de la noche al día
a la lejana sombra de su vestido
al alivio distante de su halo.

miércoles, 1 de julio de 2009

La historia detrás del poema: "Ya vienes tarde"

En momentos donde la conciencia explotaba me daba cuenta por fin que buscaba algo. Que las razones detrás de viajes y encuentros comenzaban a responder a una esperanza que se iba clarificando en rostro de mujer.

Esa conciencia, aún en aquel entonces, me parecía tardía. Percibía que la búsqueda tenía una razón profunda que iría mucho más allá de la casualidad de los encuentros y me apropié de ese destino poniéndole nombre inclusive, como se leerá en algún otro poema.

Esta historia versa sobre esa mujer que trágicamente es a destiempo y de la alegría que no podía compartirse por entero, puesto que el amar se relaciona con ese vivir como debe vivirse el cual, por lo cotidiano, viene en paquetes de dos.

Ya vienes tarde

Si eres, ya vienes tarde.
No se si has visto el retraso, no se si te has percatado,
deberías ver como han estado los días,
deberías sentir todo lo que ha sido
todo lo que ha pasado, cada instante de donde sin llegar te me has ido.

Si eres ya vienes tarde.
Ya el tiempo me esta carcomiendo,
las horas de alegría se están muriendo
se me escapan y no puedo retener mas que mi parte,
la tuya, tu pedazo de euforia no está mas, no hay ya como amarte.

Si eres, ya vienes tarde.
Solo llevas nombre de promesa, de lo que será, de respuesta.
Que no me olvide que llevo una vida aguardándote,
que no se retrase lo que siento que debo sentir, que no sea ya tarde,
que no pueda dejar pasar nada que sea, porque ya tenía que haber sido.

Si eres, ya vienes tarde.
Tarde de querer y tarde de amar,
de amar de tarde, de tardes de amar.

Si eres ya vienes tarde, por lo tanto no tardes más,
a menos que quieras que vaya a buscarte
si es así disculpa que vaya ahora, creo que ya voy tarde,
mas que llegar preciso hallarte, no sea que tan tarde
me olvide el cómo llegar a amarte.